Después de una noche desgarradora con cientos de réplicas del poderoso terremoto que mató al menos a 1297 personas en el suroeste de Haití, los residentes y los trabajadores de emergencias continúan este domingo buscando supervivientes con debajo de los escombros con medios muy limitados.
Varias máquinas pesadas, camiones y retroexcavadoras estaban ocupadas moviendo losas de hormigón en los edificios derrumbados en la ciudad de Los Cayos, cerca del epicentro del terremoto, a unos 160 km de la capital de Haití, Puerto Príncipe. El terremoto de magnitud 7,2 sacudió el suroeste de Haití a las 8:29 a.m. (12:29 GMT) del sábado, matando al menos a 1.297personas e hiriendo a más de 5.700, según la última declaración del servicio de protección civil haitiano.
De la casa de dos pisos de Marcel François en Los Cayos, solo quedan ruinas. «Es gracias a Dios y a mi teléfono que estoy vivo porque pude decirle a la gente de afuera dónde estaba ubicado», contó el hombre de 30 años. Su hermano menor Job, ayudado por los vecinos, pasó más de tres horas sacándolo de entre los escombros, con nada más que la fuerza de sus brazos. «Estaba en el autobús para ir a trabajar cuando ocurrió el terremoto. Logré llamar a Marcel por teléfono pero me dijo «ven y sálvame, estoy debajo del cemento»», cuenta, por su parte Job François.
Gravemente herido en la cabeza, una vez lo habían sacado de los bloques de hormigón y muebles rotos, Marcel François fue trasladado de inmediato al hospital, en estado de shock porque seguía sin noticias de su hija de 10 meses, todavía atrapada en las ruinas. «Pensé que mi hija estaba muerto. Estaba llorando cuando llegué al hospital, me había resignado», cuenta este treintañero con emoción. Pero varios vecinos y su tío lograron sacar a la pequeña Ruth Marlee Alliyah François de la casa, cuatro horas después del terremoto.
Marcel y Job François esperaban aún la ayuda de los equipos profesionales de rescate este domingo, para sacar de los escombros el cuerpo sin vida de su inquilina, una joven de 27 años que vivía en la planta baja de la residencia, que falleció a los pocos minutos.
Fuente: El Mundo
