A cuatro meses del congreso que definirá sus nuevas autoridades, la CGT atraviesa una de las peores crisis de unidad de los últimos años. El avance del gobierno libertario, las diferencias ideológicas y los intereses personales agitan la disputa interna por el futuro liderazgo sindical.
La Confederación General del Trabajo (CGT) comenzó a transitar una etapa de alta tensión en la antesala del congreso previsto para octubre o noviembre, donde se renovarán las autoridades de la central obrera. Aunque la votación está todavía a varios meses de distancia, los primeros movimientos ya evidencian una fuerte fractura interna entre sectores que no logran consensuar ni una estrategia común ni un perfil de conducción frente al gobierno de Javier Milei.
A diferencia de otros tiempos, los bloques tradicionales como “los Gordos” o “los Independientes” han implosionado, y el moyanismo se encuentra en franca retracción. Algunos gremialistas, como Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), buscan rearmar espacios intermedios, mientras que otros, como Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), piden terminar con el actual triunvirato y avanzar hacia una conducción unipersonal.
Los nombres en danza también reflejan la dispersión: Jorge Sola (Seguros), Cristian Jerónimo (Vidrio), Maia Volcovinsky (Judiciales), Daniel Vila (Carga y Descarga), entre otros, son mencionados en distintas negociaciones, mientras se baraja incluso la posibilidad de impulsar un “tapado” al estilo Ubaldini.
La tensión aumentó luego de la marcha contra el ajuste que impulsó el Frente Sindical, con Pablo Moyano y Abel Furlán (UOM) a la cabeza, en la que se criticó duramente a la cúpula actual por su “pasividad” frente al Gobierno. La discusión de fondo gira en torno al rol que debe asumir la CGT: una postura más combativa y alineada al kirchnerismo o un perfil dialoguista con la Casa Rosada.
El resultado de las elecciones nacionales también influirá en la estrategia: si Milei resulta fortalecido, muchos dirigentes preferirán una CGT negociadora; si pierde respaldo, crecerán las voces que exigen una conducción de confrontación. Por ahora, el escenario es de incertidumbre y fractura, con una disputa de poder que recién empieza.
