El futuro del cepo cambiario vuelve a generar dudas entre empresas, analistas y el propio mercado. A casi ocho meses del anuncio en cadena nacional donde Luis Caputo aseguró el levantamiento inmediato de las restricciones para personas físicas, el esquema está lejos de normalizarse. En el medio, la campaña electoral obligó al equipo económico a endurecer controles y reinstalar limitaciones que siguen vigentes.
El foco ahora está puesto en el giro de dividendos correspondientes al ejercicio 2025, una promesa que Economía ratifica, pero que despierta interrogantes. Desde el Banco Central confirmaron que las compañías podrán transferir utilidades al exterior recién a mediados de 2026, una vez cerrados los balances. “Está liberada la posibilidad de girar sin un mecanismo especial”, indicaron fuentes oficiales.
El problema es el mismo de siempre: las reservas. Según la consultora 1816, aun con la activación del swap con Estados Unidos, las reservas netas siguen en torno a USD -16.000 millones, un número que pone en duda la capacidad de cumplir con la apertura prometida. Aunque Caputo sostiene que la meta con el FMI “no debe preocupar”, en su entorno ya anticipan otra renegociación en enero.
En paralelo, el Gobierno tomó una decisión que también despeja el panorama político interno: no se levantarán las restricciones cruzadas establecidas antes de las elecciones legislativas. Esa línea roja —que afecta operaciones con dólar oficial, MEP y CCL— seguirá firme pese a la calma reciente en el mercado.
Para el economista Ramiro Castiñeira, todo depende del excedente de pesos. El “plan platita” de 2023 infló las Leliq hasta niveles equivalentes a más de USD 70.000 millones, pero hoy esos instrumentos se redujeron a menos de USD 7.000 millones. Con tasas más bajas y sin emisión del BCRA, la liquidez viene absorbiéndose, aunque Castiñeira advierte que ese proceso es endógeno y no tiene fecha exacta de finalización.
En su visión, si la demanda de pesos continúa recuperándose, 2026 podría ser el año de una flexibilización más amplia, pero condicionada por múltiples factores internos y por la capacidad del mercado de digerir el cambio.
Mientras tanto, el cepo sigue, las empresas esperan definiciones y el Gobierno juega a equilibrar la política monetaria con un nivel de reservas que todavía no da margen para una apertura total. El 2026 aparece como la promesa, pero no como una certeza.
