La CGT advierte que la reforma laboral de Milei apunta al corazón del poder sindical

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La conducción de la CGT activó su estado de alerta ante el borrador de la reforma laboral que circula en el mundo gremial, pese a que el Gobierno sostiene que el texto “es secreto”. Según la central obrera, el proyecto representa el intento más contundente del actual oficialismo por desarticular la estructura sindical argentina desde mediados del siglo XX.

En el análisis interno, la CGT identifica dos puntos como los más sensibles. El primero es la eliminación de las cuotas solidarias que pagan los trabajadores no afiliados pero alcanzados por los convenios colectivos. La central sostiene que ese mecanismo es parte del financiamiento esencial de los gremios y que su derogación busca “vaciar la capacidad económica” de las organizaciones.

El segundo eje crítico es el reemplazo de la negociación colectiva por rama —base histórica del modelo argentino— por acuerdos regionales o incluso por empresa. En Azopardo interpretan que esa fragmentación dispersaría el poder negociador y rompería la representatividad del movimiento obrero, debilitando la coordinación nacional que caracteriza a las paritarias desde hace décadas.

En el plano político, dirigentes de distintos espacios del peronismo coinciden en que el impacto de la reforma excede la cuestión laboral. Señalan que los sindicatos funcionan como estructura territorial, social y partidaria del peronismo, y que “atacar el modelo sindical es atacar al peronismo mismo”. La frase atribuida a Agustín Rossi —“la reforma es para romper a los sindicatos y destruir al peronismo”— sintetiza ese diagnóstico.

Otro punto de inquietud aparece en el vínculo con los gobernadores peronistas. En la CGT temen que, tras las últimas elecciones, algunos mandatarios adopten un tono más dialoguista con la Casa Rosada e incluso habiliten un aval parcial al proyecto laboral. El nuevo interlocutor del Gobierno, Diego Santilli, evitó pronunciarse sobre el tema, lo que en el movimiento sindical se interpreta como una señal de que el Ejecutivo mide costos políticos antes de avanzar.

Frente a este escenario, las principales corrientes del sindicalismo plantean la necesidad de unificar posiciones. Los dirigentes más experimentados advierten que la disputa por la reforma laboral será “el campo de batalla que ordenará a todo el peronismo”, presionando hacia una unidad que hoy no está garantizada.

La CGT considera que el proyecto del Ejecutivo representa una ofensiva integral sobre financiamiento, negociación y estructura organizativa. Por eso, puertas adentro, la lectura es tajante: el riesgo no es solo institucional o económico, sino existencial para el sindicalismo tal como se lo conoce.

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