Un equipo de investigadores de la Universidad de Pensilvania descubrió que la hidralazina, un medicamento histórico utilizado durante décadas para tratar la hipertensión y la preeclampsia, podría tener un efecto clave para detener el crecimiento de tumores cerebrales agresivos. El trabajo fue publicado en la revista Science y abre una nueva línea de investigación en oncología.
La hidralazina, uno de los vasodilatadores más antiguos aún en uso, mostró la capacidad de bloquear una enzima llamada ADO (2-aminoetanotiol dioxigenasa), un sensor de oxígeno que regula respuestas celulares en situaciones de hipoxia. De acuerdo con los autores del estudio, liderados por el médico‐científico Kyosuke Shishikura y la investigadora Megan Matthews, este bloqueo explica por primera vez de manera precisa cómo actúa el fármaco sobre la presión arterial.
Pero el hallazgo más relevante va más allá del sistema cardiovascular. La investigación demostró que la enzima ADO también es fundamental para la supervivencia de las células de glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos y resistentes a los tratamientos actuales. Al inhibir la ADO, la hidralazina induce un estado de senescencia: las células dejan de dividirse y el tumor deja de crecer, sin generar inflamación ni resistencia adicional.
Para confirmar estos resultados, el equipo trabajó junto a especialistas de la Universidad de Texas, que emplearon cristalografía de rayos X para visualizar cómo la hidralazina se une al centro metálico de la enzima, y con neurocientíficos de la Universidad de Florida, que estudiaron su impacto en células tumorales.
El avance podría tener un doble impacto: mejorar la seguridad de los tratamientos para hipertensión en el embarazo y, al mismo tiempo, abrir la puerta al desarrollo de nuevos fármacos capaces de atravesar la barrera hematoencefálica y actuar directamente sobre tumores del sistema nervioso central.
Los investigadores ya trabajan en diseñar inhibidores de ADO más selectivos y adaptados al tejido cerebral. Según Matthews, comprender a fondo el mecanismo molecular de un medicamento con más de medio siglo de uso “permite redirigirlo hacia nuevas aplicaciones terapéuticas”, un enfoque que podría transformar tanto el tratamiento de la hipertensión como el de los tumores cerebrales más difíciles de abordar.
