En la segunda audiencia de cesura del caso por el femicidio de Cecilia Strzyzowski, declaró Alfredo Lorenzo Aguirre, quien dijo conocer desde hace más de cinco años a Gustavo Obregón y Fabiana González, ambos condenados por encubrimiento agravado. Su testimonio reforzó la imagen de la pareja como figuras activas dentro del movimiento social y comprometidas con sus responsabilidades familiares.
Aguirre aseguró que compartió numerosos espacios de trabajo con ambos dentro de la fundación vinculada al clan Sena. Sostuvo que siempre los consideró “excelentes personas” y “muy buenos padres”, detallando que, incluso con agendas exigentes, Obregón y González mantenían un trato cercano y atento con su familia y el entorno.
El testigo describió con precisión el rol de cada uno dentro de la estructura del movimiento. Afirmó que Obregón era “la mano derecha” en las tareas operativas: supervisaba obras, coordinaba actividades y ejecutaba todo lo que se le encomendaba desde arriba. También señaló que la organización tenía una jerarquía marcada, donde “Gustavo era la voz de Emerenciano y Fabiana era la abuela”, expresión con la que buscó graficar su cercanía operativa con los líderes del movimiento.
Aguirre agregó que ambos se encargaban de organizar donaciones, traslados de materiales y distintas actividades comunitarias. Según relató, trabajaban prácticamente “día y noche” para sostener la estructura social, sin que se generaran conflictos internos ni cuestionamientos sobre su desempeño.
En la última parte de su testimonio, respondió preguntas de la fiscalía sobre las funciones específicas de González. Explicó que ella coordinaba tareas y recorridos para retirar donaciones, bicicletas y otros insumos destinados a actividades sociales, siempre siguiendo lineamientos de la conducción.
Con esta declaración, la audiencia sumó una nueva descripción del funcionamiento interno del movimiento y de la responsabilidad operativa que tenía la pareja condenada.