Un estudio internacional identificó a la trimetilamina (TMA), generada por bacterias intestinales a partir de ciertos alimentos, como un posible factor protector frente a la inflamación y la resistencia a la insulina.
La diabetes tipo 2, una de las enfermedades metabólicas más extendidas a nivel mundial, podría encontrar un nuevo aliado en el propio intestino humano. Investigadores internacionales detectaron que la trimetilamina (TMA), una pequeña molécula producida por bacterias del microbioma intestinal, tendría la capacidad de reducir procesos inflamatorios y mejorar la respuesta del organismo a la insulina, dos mecanismos clave en el desarrollo de esta patología.
El hallazgo surge de un trabajo encabezado por científicos del Imperial College London, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica Nature Metabolism. Según el estudio, la TMA se genera cuando las bacterias intestinales descomponen la colina, un nutriente presente en alimentos de consumo habitual como huevos, carnes, pescados y legumbres.
Durante la investigación, los especialistas observaron que la TMA actúa inhibiendo una proteína vinculada a la respuesta inflamatoria del organismo, conocida como IRAK4. Al bloquear este mecanismo, se reducen los efectos negativos de las dietas ricas en grasas, que suelen favorecer la resistencia a la insulina y el aumento del riesgo de diabetes tipo 2. Los experimentos incluyeron modelos celulares humanos y pruebas en animales, con resultados consistentes.
El trabajo también propone un cambio de mirada sobre esta molécula, ya que históricamente se había puesto el foco en su derivado, el TMAO, asociado a riesgos cardiovasculares. En contraste, la TMA mostró un rol beneficioso en el equilibrio metabólico, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de prevención y tratamiento basadas en la interacción entre alimentación, microbioma e inmunidad.
Los investigadores destacan que comprender cómo los alimentos influyen en la producción de metabolitos intestinales puede ser clave para diseñar terapias innovadoras. En un contexto donde más de 500 millones de personas viven con diabetes en el mundo, potenciar la acción de moléculas como la TMA —ya sea a través de la dieta o de futuros desarrollos farmacológicos— podría convertirse en una herramienta relevante para reducir el impacto de esta enfermedad crónica.
