La preocupación por el bienestar emocional de niños y adolescentes volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública internacional tras la publicación de The Anxious Generation, el libro del psicólogo social Jonathan Haidt, que reúne evidencia científica y documentos internos de empresas tecnológicas sobre los efectos nocivos del uso temprano de redes sociales.
Haidt sostiene que la exposición masiva de menores a plataformas digitales no solo se correlaciona, sino que causa daños psicológicos concretos, entre ellos mayores niveles de depresión, ansiedad, acoso sexual, sextorsión y conductas autodestructivas. En entrevistas recientes, el especialista remarcó que la discusión ya no debería centrarse en si existe o no un vínculo causal, sino en cómo limitar un entorno digital que considera estructuralmente dañino para la infancia.
Evidencia interna y estudios experimentales
Uno de los puntos más sensibles de su argumentación se apoya en estudios internos de Meta, la empresa propietaria de Facebook e Instagram. Según datos revelados por exdirectivos y filtradores, alrededor del 15 % de los menores sufre acoso sexual semanal en estas plataformas.
Haidt explicó que, además de testimonios de familias y docentes, existen experimentos con asignación aleatoria que muestran mejoras claras en la salud mental cuando los jóvenes reducen o suspenden el uso de redes sociales. “Cuando los adolescentes dejan las redes al menos una semana, los síntomas de depresión disminuyen”, afirmó.
El especialista subrayó que la sextorsión se convirtió en uno de los riesgos más graves: prácticas de extorsión sexual que afectan a menores y que, en casos extremos, derivaron en suicidios. “Si los chicos no están en redes sociales, ese riesgo prácticamente no existe”, sostuvo.
Un entorno digital que multiplica riesgos
Haidt aclaró que el problema no se limita a la comparación social o a la autoestima, como se planteaba en debates anteriores. A su criterio, se trata de un ecosistema completo de estímulos dañinos, donde confluyen pornografía extrema, apuestas online, consumo de vapeadores y dinámicas de recompensa diseñadas para generar adicción.
“No es un solo mecanismo. Es todo el ambiente digital el que expone a los niños a riesgos para los que no están preparados”, explicó. En ese sentido, diferenció entre internet como herramienta de información y las redes sociales algorítmicas, que priorizan contenidos extremos para maximizar la atención.
Responsabilidad de las empresas y propuestas concretas
Desde su rol de psicólogo social, Haidt rechaza responsabilizar individualmente a padres y docentes. Considera que se trata de una trampa de acción colectiva, donde las familias sienten que no pueden excluir a sus hijos porque “todos los demás ya están dentro”.
Por ello, apunta directamente a las empresas tecnológicas y a los Estados. Entre las medidas que propone se destacan:
Prohibir el acceso a redes sociales antes de los 16 años
Retrasar la entrega de smartphones hasta la secundaria
Escuelas libres de teléfonos móviles
Recuperar el juego y la socialización presencial en la infancia
Estas propuestas ya comenzaron a aplicarse en algunos países. Haidt mencionó el caso de Australia, donde una ley que restringe el uso de redes sociales en menores derivó en la suspensión de más de 550.000 cuentas adolescentes.
Impacto político y regulatorio
El planteo de Haidt trascendió el ámbito académico y llegó a líderes internacionales. El psicólogo relató encuentros con el presidente francés Emmanuel Macron, quien impulsó iniciativas regulatorias en Francia y promovió el debate a nivel de la Unión Europea.
Además, valoró el avance de demandas judiciales colectivas contra empresas tecnológicas, a las que considera una vía clave para exigir responsabilidades. “Nunca enfrentaron un jurado por el daño que causaron a los chicos”, sostuvo.
Una advertencia hacia el futuro
Aunque reconoce que la hiperconectividad también afecta a los adultos, Haidt enfatiza que su prioridad es proteger a la infancia. Advierte, además, que las redes sociales son apenas el primer desafío frente a tecnologías emergentes como los acompañantes de inteligencia artificial.
“Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en que las redes sociales dañan a los menores y que los gobiernos deben actuar, entonces no estaremos preparados para lo que viene con la IA”, concluyó.
El debate, lejos de cerrarse, continúa creciendo a nivel global, con cada vez más países analizando regulaciones estrictas para limitar el acceso de niños y adolescentes a un entorno digital que, según Haidt, pone en riesgo su salud mental y su desarrollo emocional.
