Las manifestaciones contra el régimen, motivadas por la crisis económica, cumplen dos semanas. El gobierno impuso un apagón de Internet mientras crecen las denuncias por represión masiva.
Lo que comenzó el pasado 28 de diciembre como un reclamo por el aumento del costo de vida se ha transformado en el desafío interno más crítico para el régimen iraní en años. Según el último informe de la organización Iran Human Rights, la cifra de víctimas fatales ascendió a 51 personas, entre las que se confirman al menos nueve menores de edad.
El conflicto, que ya suma más de 2.200 detenidos y cientos de heridos, ha escalado hacia consignas que cuestionan directamente el sistema político liderado por el ayatolá Ali Khamenei. Las ciudades de Teherán, Tabriz y Urmia son el epicentro de huelgas y marchas donde se han registrado ataques a edificios oficiales y la quema de símbolos estatales.
Para intentar frenar la organización de las movilizaciones, las autoridades ordenaron un bloqueo casi total de Internet. Esta medida ha encendido las alarmas de organismos internacionales, que advierten sobre el uso de la desconexión digital para ocultar violaciones a los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales, tal como ha ocurrido en crisis anteriores.
Con una economía asfixiada por la inflación y el impacto de conflictos militares recientes, el futuro inmediato de Irán se debate entre la persistencia de la calle y la capacidad de control de un régimen que parece dispuesto a endurecer la represión.
