Tensión internacional tras la captura de Nicolás Maduro: las primeras reacciones

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Las primeras reacciones internacionales tras la anunciada captura del presidente venezolano Nicolás Maduro expusieron una rápida y profunda división en el escenario geopolítico. Mientras gobiernos aliados al chavismo condenaron con dureza la operación atribuida a Estados Unidos y reclamaron respeto por la soberanía de Venezuela, otros mandatarios respaldaron la ofensiva o llamaron a evitar una escalada regional.

Según afirmó el presidente estadounidense Donald Trump en su red Truth Social, se trató de una “operación a gran escala” en la que Maduro y su esposa habrían sido detenidos y trasladados fuera del país. Desde Caracas, el gobierno venezolano denunció una “gravísima agresión militar” tras reportes de explosiones durante la madrugada en la capital y decretó el estado de excepción en todo el territorio nacional.

Rusia, Irán y Cuba, considerados socios estratégicos del chavismo, rechazaron de forma inmediata la acción estadounidense. Moscú sostuvo que la ofensiva carece de justificación y que “la hostilidad ideológica se impuso sobre la diplomacia”, según un comunicado de su Ministerio de Relaciones Exteriores. Irán condenó “firmemente” el ataque y lo calificó como una violación de la soberanía y la integridad territorial venezolana.

Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel describió el episodio como “terrorismo de Estado contra el pueblo venezolano y contra América”, e instó a una respuesta de la comunidad internacional.

En la región, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, rechazó los ataques denunciados por Caracas, ordenó reforzar la presencia militar en la frontera y solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, donde Colombia ocupa actualmente un asiento no permanente. El exmandatario boliviano Evo Morales expresó su respaldo al chavismo y repudió lo que calificó como un “bombardeo”.

Por su parte, el presidente de Chile, Gabriel Boric, condenó el uso de la fuerza y exhortó a privilegiar soluciones diplomáticas basadas en el derecho internacional y el principio de no injerencia.

En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró públicamente la ofensiva estadounidense, alineándose con la postura de Washington.

España optó por una posición intermedia. El presidente Pedro Sánchez evitó respaldar abiertamente a alguno de los bandos y ofreció los “buenos oficios” de su gobierno para impulsar una salida negociada, al tiempo que pidió desescalar la tensión y respetar la Carta de las Naciones Unidas.

El impacto del operativo y sus consecuencias políticas y regionales continúan desarrollándose, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de una mayor inestabilidad en América Latina.