A 248 años del nacimiento de San Martín: la historia de un libertador

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Un 25 de febrero, pero de 1778, nacía José Francisco de San Martín y Matorras en Yapeyú, Corrientes. Es el padre de la patria y fue una figura esencial en la historia de nuestro país y del continente. Además de Argentina, ayudó con la independencia de Chile y de Perú.

Desde su infancia dejó su hogar y fue con su familia a España, donde se formó en su carrera militar como cadete del Regimiento de Murcia. Allí luchó en el norte de África contra las fuerzas moras y fue partícipe de las guerras napoleónicas, al enfrentarse a los británicos, portugueses y posteriormente franceses, cuando Fernando VII cayó prisionero. El 19 de julio de 1808 sirvió como figura clave en la batalla de Bailén, una de las primeras derrotas importantes del ejercito de Napoleón. La victoria le dio el ascenso a Teniente Coronel y fue otorgado una medalla de oro.

Al estar España aliada con Gran Bretaña, San Martín peleó al mando de William Beresford, el mismo de las invasiones inglesas, y allí conoció a James Duff, un escocés que lo introdujo en las logias secretas que buscaban la independencia en Sudamérica.

El 9 de marzo de 1812, San Martín desembarcó en Buenos Aires junto a otros oficiales rioplatenses y allí el gobierno revolucionario le encomendó la tarea de organizar un cuerpo de caballería de élite. Así nació el Regimiento de Granaderos a Caballo. El coronel no solo formó soldados, sino que impuso un reglamento estricto, códigos de honor y un modelo de conducta que exigía tanto en el campo de batalla como en la vida privada. Sus conocimientos en la guerra contra Napoleón fueron de mucha ayuda al momento de las tácticas que dispuso San Martín. Ese mismo año también se casó con Remedios de Escalada, con quien luego tendría una hija, Mercedes.

El bautismo de fuego del Teniente Coronel fue el 3 de febrero de 1813 en un convento de San Lorenzo, donde casi pierde la vida cuando su caballo cayó encima de él y lo lesionó. Las actuaciones de Juan Bautista Baigorria, Juan Bautista Cabral, quien se sacrificó por San Martín, y de los granaderos lograron vencer a las fuerzas realistas.

Como esta, San Martín obtuvo grandes logros, entre los que se destacan:

  • Gobernador de Cuyo
  • Cruzar la Cordillera de los Andes con 3500 soldados, 1.000 caballos y 10.000 mulas
  • Victoria en la Batalla de Chacabuco
  • Victoria en la Batalla de Maipú
  • Independencia de Chile
  • Protector del Perú

En 1822 se retiró de todos sus cargos y volvió a la Argentina un año después. La salud de Remedios empeoró bastante, por lo que San Martín fue a Buenos Aires, aunque al llegar su esposa ya había fallecido.

Desalentado por las luchas entre unitarios y federales, se fue a Montevideo en 1824 y ese mismo año se fue a Europa. 4 años después volvió a Buenos Aires, pero no desembarcó al enterarse del fusilamiento de Manuel Dorrego, para no verse envuelto en la guerra civil, se fue al exilio para cumplir su promesa de «no manchar su sable con sangre americana».

Fiel a su promesa, su sable jamás se manchó con la sangre de sus paisanos. Fue atacado, calumniado y lastimado por sus enemigos, que jamás pudieron emular su magna obra, ni lograr el amor y la admiración del pueblo argentino. Falleció en Boulogne-sür-Mer, Francia, el 17 de agosto de 1850. En su testamento dejó su sable corvo a Rosas por defender la soberanía del país ante dos potencias extranjeras en el Combate de la Vuelta de Obligado. Sus restos regresaron al país el 28 de mayo de 1880 y hoy descansan en la Catedral de Buenos Aires, custodiados por sus granaderos a caballo. La Nación, año a año, acomoda mejor los laureles de gloria adquiridos por el Padre de la Patria, reconociendo, tributando y recordando sus acciones militares, sus frases, sus consejos, sus máximas, su humildad, su generosidad, su intachable conducta como hombre de bien.

Es un gran ejemplo de que todo es posible, el correntino cruzó los Andes con un gran ejército (algo considerado imposible en esa época). A pesar de tener Asma y Malaria, jamás se dio por vencido y no descansó hasta que estuvo seguro de que su continente iba a ser libre.