La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Indec aceleró una decisión que el Gobierno terminó de confirmar en las últimas horas: la postergación indefinida de la nueva metodología para medir la inflación. El dato correspondiente a enero, que estaba previsto para difundirse el próximo 10 de febrero, finalmente se publicará utilizando la canasta vigente desde 2004 y no la actualización elaborada en los últimos meses.
La determinación estuvo vinculada al temor de que la nueva fórmula reflejara un nivel de inflación más elevado, lo que podría complicar el proceso de desinflación que el Ejecutivo considera central para este año. De hecho, el propio ministro de Economía, Luis Caputo, admitió que la decisión fue tomada junto al presidente Javier Milei y que el objetivo es esperar a que la desaceleración de precios se consolide.
En el mercado financiero, la noticia no generó reacciones inmediatas. Acciones y bonos tuvieron una jornada débil, aunque por factores previos, y aún resta observar si habrá algún impacto en los bonos ajustados por CER en las próximas ruedas.
La marcha atrás resultó llamativa, ya que días atrás el Banco Central había publicado un informe detallando los cambios metodológicos previstos. En ese documento se reconocía que la actualización de ponderaciones podía generar variaciones en la sensibilidad del índice frente a determinados shocks de corto plazo, aunque se sostenía que no alteraría la tendencia inflacionaria de fondo.
Según estimaciones privadas, la nueva canasta —basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018— hubiera arrojado un resultado más elevado. De acuerdo con un cálculo del econometrista Martín Rozada, de la Universidad Di Tella, la inflación de 2025 habría sido del 33,6% con la metodología actualizada, frente al 31,5% medido oficialmente. Es decir, unos 2,1 puntos porcentuales por encima del dato difundido por el Indec.
El mayor cambio se hubiera registrado en la composición del índice. Los servicios habrían ganado un peso considerable en detrimento de los bienes, con un aumento cercano a los 12 puntos porcentuales. En contraste, el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas habría perdido alrededor de 6 puntos de participación, especialmente por una menor incidencia del componente de carnes y derivados.
Distintos economistas señalaron que, para evitar suspicacias, el Indec podría haber publicado ambas mediciones en paralelo —la vieja y la nueva— durante un período de transición. Sin embargo, el Gobierno optó por mantener sin cambios la fórmula vigente, al menos por ahora, en un contexto donde busca sostener la baja inflacionaria como uno de los principales logros económicos de la gestión.
