EL 26 de mayo de 1928 en Michigan nació una figura muy controversial en la historia reciente de Estados Unidos y del mundo. Se trató de Jack Kevorkian, el médico que llevó el concepto de la eutanasia desde Europa al país americano.
Se graduó como médico en 1952 y se especializó como patólogo. Se incorporó a la planta médica del hospital de Detroit, lugar en donde empezó a llamar la atención de colegas y enfermeras con una petición. Pedía que le avisaran cuando un paciente estaba por morir, porque quería fotografiarlo en ese momento para un estudio, buscaba registrar sus ojos en el momento de la muerte.
En una época en que se comenzaba a trabajar seriamente en el trasplante de órganos, sugirió dar a los condenados a muertes la posibilidad de ser ejecutados con anestesia para poder extraer sus órganos sanos y donarlos a las personas que los necesitaban. Presentó esa propuesta en 1958 durante una reunión de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y provocó una fuerte polémica.
Su momento bisagra
En 1987 el Doctor Kevorkian viajó a los Países Bajos para asistir a un congreso médico y conoció las técnicas que utilizaban los médicos neerlandeses para ayudar a suicidarse a los pacientes terminales. Volvió a Detroit dispuesto a aplicar técnicas similares en los Estados Unidos y anunció el surgimiento de una nueva práctica médica, a la que llamó “bioética y obiatría”, y empezó a ofrecer “asesoramiento médico en casos de muerte”. Por lo que construyó un aparato de suicidio asistido al que apodó «Thanatron», que tenía tubos, válvulas, engranajes y un interruptor que, al ser accionado por el paciente que quería suicidarse, liberaba dos químicos: el primero era una anestesia, el segundo le provocaba la muerte al paciente cuando ya estaba inconsciente.
Su primer paciente especial fue Janet Adkins, una maestra de Oregon que tenía Alzheimer. El 4 de junio de 1990, la mujer accionó el interruptor del “Thanatron”, instalado en la caja de la camioneta Volkswagen de Kevorkian. La mujer estaba acostada en una colchoneta acomodada sobre el piso y murió mientras las hermanas de Kevorkian le leían poemas. Cuando Janet murió, Kevorkian llamó a la policía. Al explicar lo sucedido lo arrestaron de inmediato.
Parecía un caso de asesinato, pero la propia familia de Adkins salió a defender a Kevorkian. El marido de Janet llamó a una conferencia de prensa y leyó una nota de despedida que le había dejado su mujer. También puso a disposición de la prensa y de la justicia una cinta VHS que habían grabado juntos en la que Janet decía que morir era una decisión que había tomado conscientemente y en total libertad. “Con la muerte busco mi autoliberación”. Lo sometieron a juicio, pero entre la carta, el video y el testimonio de su marido, y el vacío legal que existía en ese momento, fue absuelto.
Realizó más de 130 suicidios asistidos, recibía cartas de todo el país en la que le pedían explícitamente que los asista. En las cartas se detallaba el nombre, la enfermedad y su deseo de muerte. Todas se pueden encontrar en la Biblioteca Histórica de Bentley. Inventó también otro artilugio que le evitaba utilizar químicos para el suicidio. Lo llamó “Mercitrón” y permitía a los enfermos suicidarse inhalando monóxido de carbono a través de una máscara.
Mientras tanto, el debate giraba en torno a si los pacientes tenían derecho a la ayuda de un médico para morir y si el profesional podía ofrecerles ese servicio. Sus principales detractores afirmaban, en tanto, que las personas a las que había asistido Kevorkian no eran terminales ni tenían estudios psiquiátricos que certificaran su salud mental al tomar la decisión.
Su último caso
Su último paciente especial fue Thomas Youk, un hombre de 52 años con Esclerosis Lateral Amiotrífica que le impedía moverse y había realizado un pedido explícito de morir en un video que fue emitido por el programa 60 Minutos, de la cadena CBS. En las imágenes también se vio a Kevorkian que le inyectó cloruro de potasio para causarle la muerte. Lo llevaron a juicio, acusado de homicidio, y el tribunal desestimó su defensa, basada en que Youk no podía provocar su propia muerte porque no estaba en condiciones de mover sus manos.
En 1999, un jurado lo declaró culpable y lo condenó a una pena de entre 10 y 25 años en prisión, pero solo cumplió ocho años en la cárcel ya que fue liberado por buena conducta en 2007, bajo la condición de no volver a asesorar ni asistir a nadie sobre cómo morir.
Fue uno de los principales impulsores de la eutanasia en el continente, según él, lo veía como «una forma de terminar con el sufrimiento de sus pacientes», pero no pudo realizar más asistencias ya que se encontraba bajo la mira de las autoridades.
Por desgracia, le detectaron cáncer, por lo que batalló contra la enfermedad en sus últimos momentos de vida. Finalmente, murió el 3 de junio de 2011, por un coágulo de sangre que obstruyó su corazón, en el Hospital Beaumont de Royal Oak, donde estaba internado por su grave estado de salud.
Poco después, la Corte Suprema de los Estados Unidos declarara legal la asistencia médica para el suicidio de pacientes terminales. Hoy, la eutanasia también es legal en Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Canadá, Colombia, Nueva Zelanda y España.
