El viernes 6 de Octubre de 2006, Ramón «Ramoncito» González desapareció luego de que saliera de su casa para ir a la escuela, pero nunca volvió. En el camino fue secuestrado por un grupo de personas que horrorizaron al pequeño, poco tiempo después, su cuerpo fue encontrado y dio a conocer el caso que sacudió a la región del NEA y a la Argentina.
«Moná», como era conocido, era un niño que frecuentaba salir a la calle por su cuenta, en la localidad de Mercedes la mayoría era conocido para todos. El día de su desaparición él salió a la escuela y dejó un mensaje en la pared para su madre Norma, «Mamá bego a las 12», pero las letras eran muy distintas a las que Moná dibujaba. Esa noche, Norma fue a la Comisaría Segunda, donde los policías no le prestaron atención, pero se quedaron con la foto de su hijo.
Al día siguiente, Moná no aparecía, Norma preguntó a sus conocidos, pero nadie sabía nada, el niño no aparecía. Recién al atardecer fue a la Comisaría para preguntar por su hijo, primero preguntó si se encontraba detenido, después recibió un llamado anónimo de alguien que afirmaba haber visto a Moná por la terminal andando en bicicleta. Los policías intentaron rastrear la llamada pero nunca encontraron al emisor. Preguntaron a testigos y en la reconstrucción, afirmaron que lo vieron en una bicicleta roja, que compró un pancho y que invitó a un tal «Tielo» a fumar al descampado al costado de las vías del tren.
La mañana del domingo 8, la vecina Apolinaria Silva, que vivía cerca del descampado, se despertó y vio que un perro estaba «comiendo algo» y que «habían dejado un muñeco» en el pastizal. Se acercó al animal hasta que vio una cabecita y un calzoncillo sucio. De inmediato corrió a su casa y llamó a la policía. Los agentes llegaron y encontraron, entre algunas pertenencias, el cuerpo sin cabeza de Ramón Ignacio González. Uno de los peritos escribió «cabeza totalmente separada de un corte preciso en el cuello, arriba de las clavículas, que habían sido perfectamente seccionadas y separadas con elementos con filo y punta. Ausencia completa de sangre y tejidos blandos en la cabeza». La autopsia estimó que Moná falleció alrededor de las 22:00 del sábado 7 de octubre.
Resulta que Moná fue víctima de un ritual por personas que lo usaron como ofrenda a San La Muerte, fue torturado, violado y descuartizado, le habían quitado varias vértebras y, después de muerto, lo habían decapitado.
Un testigo clave para encontrar a los autores fue Ramonita, una niña de 14 años nieta de uno de los detenidos, ella contó que los que participaron de la ceremonia empezaron a tomar vino en copas a las que “les agregaban un líquido rojizo con una jeringa”, y mientras bebían uno comenzó a aullar y los demás lo siguieron, bailando alrededor del nene, al que violaron varias veces para después empezar a golpearlo. “Ramoncito primero estaba sentado en un sillón marrón. Después lo acostaron sobre una alfombra gruesa y ahí lo mataron. Dany (Alegre) le dio un golpe fuerte con un cuchillo, pero no se desprendió del todo la cabeza. No sé si ya estaba muerto, pero ya no hablaba”, relató.
En las crónicas policiales de la época indicaron que en los allanamientos se encontraron dos manuales de magia negra en los que se explicaba, por ejemplo, la forma en la que se debe dejar el cuerpo ofrendado. Esto podría explicar la forma en la que hallaron a “Ramoncito”, muy cerca de la terminal de micros y con apenas los huesos del cuerpo, colocados en forma de Y.
En 2011, la Justicia condenó a César Carlos Alberto Beguiristain, Yolanda Martina Ventura, Esteban Iván Escalante, Jorge Carlos Alegre, Claudio Nicolás González, Osmar Aranda, Ana María Sánchez, Daniel Alegre y Patricia López a la pena máxima. Alegre, el autor material del crimen, fue el único que logró evadir el primer proceso judicial. Estuvo prófugo durante 4 años, hasta que lo descubrieron en Córdoba trabajando como inspector de tránsito con una identidad falsa. En 2015, también fue condenado a perpetua.
González, que en el momento del crimen tenía 17 años, recuperó la libertad en marzo de 2023, ya que la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto una decisión del Superior Tribunal de Justicia de Corrientes, que en 2011 lo había condenado.
