La tensión en la cúpula del poder libertario sumó un nuevo capítulo tras la fría postal que dejó la apertura de sesiones ordinarias. El saludo distante entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel expuso en público una fractura que ya no se disimula y que, en las últimas horas, se profundizó con declaraciones cruzadas y movimientos internos en el Senado.
Villarruel había optado inicialmente por el silencio frente a las acusaciones de sectores del oficialismo que le reprochan falta de alineamiento político. Sin embargo, esa estrategia duró poco: respondió con dureza y dejó en evidencia la compleja encrucijada que atraviesa, en momentos en que conserva una imagen positiva relevante en algunas encuestas con la mirada puesta en 2027.
De sostén parlamentario a aislamiento político
Pese a las versiones que circularon desde la Casa Rosada, en el Senado niegan que la vicepresidenta haya jugado en contra del Gobierno durante los primeros embates opositores. Por el contrario, sostienen que desde la Cámara alta se le dio “oxígeno” al Ejecutivo en momentos delicados, demorando iniciativas impulsadas por el kirchnerismo y sectores aliados.
En ese esquema fue clave la Secretaría Parlamentaria, a cargo de Agustín Giustinian desde diciembre de 2023, quien junto a un equipo reducido logró ordenar la agenda legislativa en un escenario adverso para el oficialismo, que contaba con apenas seis o siete senadores propios sobre un total de 72.
No obstante, con el correr de 2025 comenzaron a evidenciarse cortocircuitos internos. Villarruel desplazó a la entonces secretaria administrativa María Laura Izzo —considerada eficiente por distintos bloques— y designó en su lugar a Emilio Viramonte Olmos, quien permaneció apenas unos días. Tras meses de indefinición, asumió Alejandro Fitzgerald, con mejor recepción entre las bancadas. Para varios legisladores, esa sucesión de cambios debilitó la estructura política de la vicepresidenta.
Redes sociales, gestos políticos y tensiones
A la par de los movimientos administrativos, Villarruel comenzó a marcar diferencias con la Casa Rosada a través de sus redes sociales, en un contexto en el que el Gobierno atravesaba momentos de alta tensión política y económica. En el oficialismo interpretaron esos gestos como señales de autonomía en el peor momento del presidente.
También generaron ruido sus encuentros con gobernadores peronistas como Gildo Insfrán y Ricardo Quintela, en plena campaña electoral. Las fotos y videos de esas reuniones fueron leídos en Balcarce 50 como movimientos con proyección propia.
Tras el triunfo libertario en las elecciones generales de octubre, lejos de recomponerse, la relación entre la vicepresidenta y el entorno presidencial se tensó aún más. En paralelo, comenzó a consolidarse el protagonismo de Patricia Bullrich en la Cámara alta.
El avance de Bullrich en el Senado
Desde diciembre pasado, Bullrich —al frente de la estrategia oficialista en el Senado— logró articular acuerdos con bloques dialoguistas y mostró eficacia en el tratamiento de leyes durante el período de sesiones extraordinarias. Con un bloque fortalecido y alianzas reordenadas, la ministra fue ganando terreno en el tablero legislativo, reduciendo el margen de maniobra de la vicepresidenta.
En ese contexto, Villarruel quedó cada vez más aislada dentro del esquema de poder libertario, mientras profundizaba su agenda propia con recorridas provinciales y definiciones públicas diferenciadas.
Proyección 2027 y un quiebre difícil de revertir
La historia política argentina está marcada por tensiones entre presidentes y vicepresidentes, pero en este caso el quiebre parece estructural. Si la ruptura con los hermanos Milei se consolida, el costo político para Villarruel podría ser significativo en clave electoral.
Con 2027 aún lejos, pero ya presente en el radar político, la vicepresidenta conserva niveles de imagen que la mantienen competitiva. Sin embargo, desde la Casa Rosada advierten que, de avanzar hacia una construcción propia, enfrentarla no sería un problema menor: el oficialismo cuenta con argumentos y estructura para disputar ese espacio.
La disputa interna, mientras tanto, impacta de lleno en el Senado, donde la pulseada por el control político y legislativo ya no es silenciosa y anticipa un año de alta tensión institucional.
