Inflación bajo presión: el impacto del conflicto en Medio Oriente ya se siente en la región y pone a prueba a la Argentina

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En un escenario internacional marcado por la volatilidad energética, los datos de inflación de marzo comienzan a reflejar un cambio de tendencia. La suba del petróleo, impulsada por el conflicto en Medio Oriente, ya impactó en las principales economías del mundo y de América Latina, generando preocupación sobre su posible traslado a los precios en la Argentina.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dará a conocer en los próximos días el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, en un contexto donde los costos globales —especialmente los vinculados a la energía y el transporte— volvieron a presionar al alza.

Durante el primer bimestre del año, la inflación local se mantuvo relativamente estable en torno al 2,9% mensual. Sin embargo, el comportamiento de marzo a nivel internacional encendió alertas sobre un posible quiebre de esa tendencia.

Un fenómeno global

Las principales economías registraron una aceleración inflacionaria en marzo. En Estados Unidos, el índice mensual saltó al 0,9%, más del doble que en febrero, con fuerte incidencia del rubro energético. En América Latina, el panorama fue similar: Chile, Brasil y México también mostraron incrementos respecto al mes anterior.

Incluso en Europa, donde la inflación venía moderándose, se observó un leve repunte. En todos los casos, el denominador común fue el encarecimiento del petróleo, afectado por tensiones geopolíticas y restricciones en rutas comerciales clave.

El petróleo, en el centro de la escena

El precio del crudo se convirtió en el principal factor detrás de esta nueva presión inflacionaria. Durante marzo, el barril Brent registró un fuerte incremento, impulsado por la escalada del conflicto y las dificultades logísticas en zonas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

Aunque algunos acuerdos temporales moderaron momentáneamente los valores, la incertidumbre persiste. En los últimos días, el petróleo volvió a ubicarse por encima de los 100 dólares, manteniendo elevados los costos de transporte y producción a nivel global.

Argentina: impacto moderado, pero latente

En el plano local, el traslado de estos aumentos a los precios internos fue parcial. Si bien los combustibles registraron subas importantes desde el inicio del conflicto, el ritmo fue menor al observado en otras economías.

Aun así, el peso del combustible en la estructura de costos es clave: no solo impacta directamente en el transporte, sino también en el precio de alimentos y bienes de consumo masivo debido a los costos logísticos.

Un dato preliminar en la Ciudad de Buenos Aires mostró una inflación del 3% en marzo, por encima del 2,6% de febrero, lo que podría anticipar una leve aceleración a nivel nacional.

Estrategias para contener la suba

Frente a este escenario, tanto el Gobierno como las empresas del sector energético adoptaron medidas para amortiguar el impacto. Por un lado, se postergó la actualización de impuestos a los combustibles. Por otro, las petroleras implementaron un esquema de estabilización de precios por 45 días.

Este mecanismo busca desacoplar temporalmente los valores locales de la volatilidad internacional, utilizando como referencia el precio del crudo de marzo y absorbiendo parte de la diferencia.

Desde el sector destacan que la estrategia también responde a la caída en el consumo, especialmente en el interior del país, donde los precios en surtidor alcanzaron niveles elevados.

Expectativa por el dato oficial

Con este panorama, el mercado espera que la inflación de marzo se ubique en torno al 3%, según las proyecciones del Banco Central. De confirmarse, implicaría una leve suba respecto a los meses anteriores, aunque todavía lejos de un salto abrupto.

Sin embargo, la evolución futura dependerá en gran medida del escenario internacional. La persistencia del conflicto y la inestabilidad en el mercado energético podrían seguir condicionando la dinámica de precios en los próximos meses.

En definitiva, la inflación vuelve a estar atada a factores externos, y la capacidad de amortiguar esos impactos será clave para sostener la desaceleración en la Argentina.