El partido gobernante, Rusia Unida ha revalidado su mayoría en la Duma rusa. La formación conservadora, a la que el presidente Vladímir Putin da su apoyo, obtuvo un 49,8% de los votos en las elecciones parlamentarias de este fin de semana, marcadas por la apatía, la represión de la oposición y plagada de denuncias de irregularidades. El resultado, similar a los sondeos a pie de urna, supone una muy cómoda victoria para Rusia Unida, que sin embargo, y pese a la falta de opciones y al empuje de las autoridades, pierde algo de apoyo en algunas regiones y en comparación con las pasadas legislativas, en 2016, cuando tuvo un 54%. Los datos confirman una subida del Partido Comunista, la segunda fuerza más votada, que pasa del 13% al 19%, según los datos difundidos por la Comisión Electoral.
Con el descontento social en auge por la situación económica y la pandemia, Putin, de 68 años, necesita una escena legislativa que apoye sin ninguna fisura sus políticas y que le garantice estabilidad hasta que termine su mandato, en 2024, y decida si se vuelve a postularse para dirigir el Kremlin, perpetuándose en el poder como le permite la reformada constitución. Los resultados de los comicios de este fin de semana consolidan el poder del líder ruso, que refuerza su control.
Con la popularidad de Rusia Unida bajo mínimos históricos (29%) y consciente de ello, el Kremlin no ha querido correr riesgos de perder la mayoría parlamentaria. Durante meses, las autoridades rusas han reprimido y acosado cualquier voz disidente, desde opositores hasta medios independientes u organizaciones civiles. La campaña ha estado plagada de trucos sucios, como candidatos clones para despistar a los electores y dividir el voto opositor, y de propaganda negra destinada a perjudicar a candidatos disidentes.
Las elecciones parlamentarias en las que la ciudadanía rusa ha podido votar durante tres días, han dado pocas opciones reales a los electores. Con el descontento social latente por la pérdida del nivel de vida, la pandemia, la corrupción y la pérdida de calidad de las infraestructuras, el Kremlin no ha querido correr riesgos y ha vetado en la contienda electoral a casi todas las figuras de la oposición conocidas. Las maniobras han alcanzado incluso al Partido Comunista ruso, el primer partido de la llamada “oposición sistémica”, leal al Kremlin. Una de sus principales figuras, el empresario agrícola y candidato a las presidenciales en 2018, Pável Grudinin, también fue vetado para concurrir.
Para Putin, mantener el apoyo de los ciudadanos rusos sigue siendo clave. Sin embargo, en las consideradas las elecciones más sucias y controladas de los últimos tiempos en un país que no registra desde hace décadas unas elecciones limpias del todo, según los observadores electorales internacionales, la apatía por el sistema es cada vez mayor. “Estas elecciones no son reales”, lamentaba Anton Dulov, informático de 44 años, en un colegio de la capital. “Es desesperante, no hay opción”, añadió Elizabeta Baidabálova, su esposa, de 41.
Fuente: fragmento nota El País
