*Por Vidal Mario: Las historias previas al Día de la Lealtad

Sociedad

Veintinueve días antes de la marcha del 17 de octubre de 1945 hubo otra, igualmente gigantesca.

Fue el 19 de septiembre de 1945. Quienes se oponían a los militares germanófilos que conducían la Argentina concretaron la “Marcha de la Constitución y de la Libertad”.

En Buenos Aires, medio millón de personas (según los organizadores) doscientos mil (según el Gobierno) participaron de aquella multitudinaria marcha.

Pero nadie se acuerda hoy de esa impresionante manifestación. Fue sepultada en el cementerio del olvido por el peronismo, triunfante en las elecciones de 1946.

El motivo peronista para sepultarla en el olvido fue obvio: dicho acto había sido contra Perón y fue el que provocó su caída y detención en la isla Martín García.

De esa isla salió gracias a la otra multitudinaria manifestación que hubo en menos de un mes. A ésta sí se la recuerda hoy como Día de la Lealtad.

Cómo comenzó todo

Esta historia comienza el 4 de junio de 1943, cuando los militares tomaron el poder para dar comienzo a otra de las tantas dictaduras que ha padecido éste país.

En el marco de esa dictadura Perón tuvo un ascenso tan meteórico que en pocos meses acumuló nada menos que cuatro cargos: presidente del Consejo de Posguerra, secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación.

Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y con el apoyo de unos cuarenta gremios que logró captar, entre ellos la Unión Obrera Metalúrgica y la Unión Obrera de la Construcción, “el coronel de los coroneles” creó una nueva CGT.

Para captar a la masa obrera que sería la base de su futuro Partido Laborista, desde ese organismo Perón lanzó leyes sociales copiadas de proyectos socialistas.
Cuando la Secretaría cumplió un año hizo una demostración de su fuerza en el campo laboral. Mostró a su propio Gobierno, a las fuerzas armadas, a los Partidos políticos y a los medios económicos y financieros de lo que era capaz.
Para esta gran concentración, los gremios adictos fueron advertidos de que no se tolerarían ausencias ni excusas de ausencias.

Hizo lo mismo que hasta poco tiempo atrás hacían las empresas alemanas radicadas en el país para las concentraciones organizadas por el nazismo en la Argentina.

A partir de ese día hasta la prensa internacional comenzó a mirarlo y a considerarlo seriamente candidato a Presidente con vistas a alguna futura elección presidencial.

El 5 de junio de 1945, el New York Times publicó una nota titulada “Las fuerzas económicas argentinas declaran la guerra a la política obrera de Perón”.

Por todo el país comenzaron a registrarse manifestaciones peronistas y antiperonistas.

José Tamburini, que un año después sería candidato a Presidente por la Unión Democrática, reclamó: “Ese agitador de masas debe ser detenido inmediatamente”.

Perón no rechazó el título de agitador de las masas argentinas. Hasta se manifestó orgulloso de ello. “Si algún día –dijo- por necesidades de la justicia o del país hubiera de ser un verdadero agitador de las masas trabajadoras no titubearé un segundo en ponerme a su frente”.

El 7 de agosto de 1945, habló en el Colegio Militar ante un auditorio compuesto íntegramente por militares. Perón destacó allí que en otro acto realizado en Diagonal y Florida había logrado concentrar “entre 250.000 a 300.000 personas”. Y volvió a advertir que estaba en condiciones “de repetir un acto como ese en cualquier momento”.

“Pueblo y antipueblo”

Los disturbios callejeros se multiplicaban por todas partes, estallaron graves hechos de violencia, y el país se dividió en dos campos enemigos: el pueblo y antipueblo.

En sus discursos ante su gente Perón despotricaba contra la “oligarquía entreguista”, “los explotadores del trabajo ajeno”, el “capitalismo deshumanizado”. También contra la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial Argentina y los ganaderos.

Según decía él, esas “fuerzas vivas” en realidad eran “la fuerza de los vivos”. La sociedad argentina ya estaba dividida en dos: nosotros y ellos. “El pueblo somos nosotros; la aristocracia y el capitalismo son ellos”, dijo en un discurso.Los enfrentamientos a tiros estaban a la orden del día. Uno de ellos fue en Berisso entre partidarios de Perón acaudillados por el titular del gremio de la carne Cipriano Reyes y militantes comunistas que respondían a las órdenes de José Peter.

Fue en este marco de turbulencia social que el 19 de septiembre de 1945 se produjo la multitudinaria y hoy olvidada “Marcha de la Constitución y de la Libertad”.

Allí la gente cantaba estribillos como “Hoy hacemos el cajón para Farrell y Perón” y “Con tranvía y sin tranvía, Perón está en la vía”. Respecto de Perón, un orador dijo que “el nazi de ayer no puede ser el demócrata de hoy”.

Perón contraatacó diciendo que la marcha era “un acto más de la lucha sin cuartel que las oscuras fuerzas de regresión están librando contra nuestro gobierno”.

Perón, a Martín García

El Gobierno acusó el impacto de esa marcha, y el Ejército también. En una comida servida en Campo de Mayo el tema excluyente fue qué hacer con Perón. En los círculos militares comenzó a circular una iniciativa: relevarlo de todos sus cargos y reemplazarlo por Ávalos, entonces director de la Escuela de Artillería.

Hasta se produjo un levantamiento militar contra Perón, de la 4° División de ejército con asiento en Córdoba, encabezado por el general Osvaldo B. Martín. En su carácter de ministro de Guerra, Perón ordenó la detención de ese militar “por incitar a la rebelión”.

El Gobierno impuso el estado de sitio en todas las provincias y territorios nacionales. El 9 de octubre, el general Ávalos se presentó en el despacho del presidente Farrell para pedir, en nombre de la oficialidad, el alejamiento de Perón del Gobierno.

Al día siguiente, 10 de octubre, el general Juan Pistarini le llevó un mensaje de Farrel al díscolo militar: el mejor servicio que le podía hacer al país era renunciar. Perón pidió un papel, redactó su renuncia a los tres cargos que tenía y la entregó al mismo Pistarini.

Ese mismo día, Farrel aceptó su renuncia. El 12 de octubre, Perón se refugió en la isla de Tigre, pero el 13 regresó a la ciudad. Ese mismo día lo subieron a la cañonera “Independencia” y lo llevaron a la isla Martín García.

El 17 de octubre, al grito de “Queremos a Perón” unos cuarenta sindicatos organizaron una marcha sobre Buenos Aires para exigir la liberación del militar detenido. A las pocas horas Perón ya estaba hablando desde los balcones de la propia Casa Rosada.
Desde 1946 a 1954 el 17 de octubre era feriado nacional. Y por disposición del Consejo General de Educación en todas las escuelas del país se dictaban daban clases alusivas al Día de la Lealtad.